Del diario: 5 de junio de 2007
El otro día sentí algo respecto a mis postrimerías, que luego he olvidado. Esforzándome y rezando por recordarlo, pienso que es el temor de que me acerco a la muerte sin haber resuelto el problema del valor moral de mi vida, marcada por algo tan tremendo como una emasculación voluntaria, y de lo que hago públicamente y en relación con otras personas.
¿He hecho bien, como razono, o he hecho mal y me he dejado llevar, como temo?
No llegaré a saberlo mediante el análisis racional.
Puede que el sentido de mi vida haya sido otro: la separación entre yo y lo demás, que siempre he sentido espontáneamente y que acaso haya sido favorecida por mi disforia o haya favorecido mi disforia, que viene de la separación entre yo y mi cuerpo, o entre yo y toda mi persona.
Ahora, estoy a punto de entrar por esta puerta a fondo –situación notable, tercer estado de consciencia, según Gurdiaev- y puedo descubrir lo que hay al otro lado. No puedo quedarme quieto ni retroceder, porque sólo esto me sería imposible, como querer no ver lo que se ha visto.
Tengo que perfeccionar mi separación como consciencia o sujeto de la realidad objetiva. Me empuja a ello incluso mi angustia con el primer estado de consciencia, el sueño, ante el que me veo indefenso, entregándome a él sin poder dominar situaciones como el ahogo o apnea que ya me atacó una vez durante la siesta.
Eso me produce una tremenda claustrofobia, ante la sumisión de mi consciencia a las leyes de mi cuerpo, que de momento eludo poniéndome en manos de Dios cuando me voy a dormir; me angustio demasiado, pero sólo podré vencer si emancipo a mi consciencia de sus condicionamientos materiales.
Todo me empuja a dejar de lado esta ascesis, siento impulsos de amor que a lo mejor lograré integrar, pero no puedo dejar de intentarlo, ahora que estoy cerca de esta grandiosa aventura.
Etiquetas: apnea, ascesis, consciencia, disforia, emasculación, Gurdiaev, objeto, sujeto
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