Filosofía dentro - Kim Pérez

La Lógica estructura toda la Materia, la atrae hacia sus formas puras como su Ley, está por encima de la voluntad humana, que tiene que doblegarse ante ella, es eterna, no es material, es invisible, pero existe con la evidencia del mismo pensamiento racional que la cuestione, en el único argumento ontológico irrefutable; por tanto, la Lógica es Dios, Sentido de toda realidad.

martes, 5 de junio de 2007

Del diario: 5 de junio de 2007




El otro día sentí algo respecto a mis postrimerías, que luego he olvidado. Esforzándome y rezando por recordarlo, pienso que es el temor de que me acerco a la muerte sin haber resuelto el problema del valor moral de mi vida, marcada por algo tan tremendo como una emasculación voluntaria, y de lo que hago públicamente y en relación con otras personas.

¿He hecho bien, como razono, o he hecho mal y me he dejado llevar, como temo?

No llegaré a saberlo mediante el análisis racional.

Puede que el sentido de mi vida haya sido otro: la separación entre yo y lo demás, que siempre he sentido espontáneamente y que acaso haya sido favorecida por mi disforia o haya favorecido mi disforia, que viene de la separación entre yo y mi cuerpo, o entre yo y toda mi persona.

Ahora, estoy a punto de entrar por esta puerta a fondo –situación notable, tercer estado de consciencia, según Gurdiaev- y puedo descubrir lo que hay al otro lado. No puedo quedarme quieto ni retroceder, porque sólo esto me sería imposible, como querer no ver lo que se ha visto.

Tengo que perfeccionar mi separación como consciencia o sujeto de la realidad objetiva. Me empuja a ello incluso mi angustia con el primer estado de consciencia, el sueño, ante el que me veo indefenso, entregándome a él sin poder dominar situaciones como el ahogo o apnea que ya me atacó una vez durante la siesta.

Eso me produce una tremenda claustrofobia, ante la sumisión de mi consciencia a las leyes de mi cuerpo, que de momento eludo poniéndome en manos de Dios cuando me voy a dormir; me angustio demasiado, pero sólo podré vencer si emancipo a mi consciencia de sus condicionamientos materiales.

Todo me empuja a dejar de lado esta ascesis, siento impulsos de amor que a lo mejor lograré integrar, pero no puedo dejar de intentarlo, ahora que estoy cerca de esta grandiosa aventura.

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domingo, 27 de mayo de 2007

El sujeto de los flujos económicos capitalistas




Lo que se llama liberalismo desde el interior o capitalismo desde el exterior, procede objetivamente de los flujos de metales arrancados de las Indias y de su administración empresarial, mercantil o industrial.

El materialismo dialéctico observó el movimiento casi inconsciente y sobrehumano de estos flujos y sus inmensas consecuencias en la política de los Estados, en las formas de vida y mentalidades, en las filosofías y las religiones dominantes, en el desarrollo técnico y científico, etcétera.

En este esquema materialista dialéctico (o materialista histórico), la fuerza del objeto económico es tal, que permite subordinarle durante siglos la consciencia, que se entiende como configurada por flujos económicos que se mueven en gran medida inconsciente e involuntariamente.

Pero la debilidad de la consciencia no excluye la actividad del sujeto, aun casi inconsciente, pues sujeto y sujeto consciente representan dos grados distintos de la misma realidad.

La propuesta de un cuadro sujeto-objeto anterior al estudio de los flujos económicos como objeto, permite distinguir las fuerzas subjetivas que generan esos flujos, que se sitúan primariamente en un continuo de actividad-inactividad (los españoles fuimos muy activos para crearlos, mientras que los suecos, por ejemplo, fueron inactivos)y secundariamente en una actividad codiciosa, excluyente de cualquier freno.

Entonces, el sistema liberal o capitalista aparece en lo subjetivo como un cuerpo de codicias desenfrenadas aplicadas sobre unas condiciones objetivas, y este planteamiento permite juzgarlo no sólo desde el punto de vista de la eficiencia (como se hace en términos liberales o materialistas históricos) sino desde el moral. De hecho, desde los primeros tiempos de la creación de los nuevos flujos, hubo subjetividades suficientemente conscientes como para comprender y ver esa naturaleza pasional y codiciosa (Las Casas), e incluso para proponer y poner en práctica ciertas alternativas (Jesuitas del Paraguay)

El análisis liberal y el materialista tienen en común en efecto el estudio de los flujos económicos desde criterios principalmente objetivos, lo que les hace verlos como valiosos en sí, en cuanto agentes de una prosperidad equivalente al bienestar, para los liberales, y como generadores de un proceso dialéctico hacia la revolución, para los materialistas. Pero para unos y otros, fundamentalmente buenos.

Un análisis subjetivo-objetivo parte de los sujetos como agentes de los flujos y de la repercusión de éstos, como objeto, sobre los propios sujetos.

A continuación, puede preguntarse: ¿la función del sujeto es irrelevante ante los inmensos flujos que desencadena, que incluso alteran o configuran su consciencia y que difícilmente entiende conceptualmente? ¿O puede pensarse que es siempre relevante, porque la continua interacción o diálogo sujeto-objeto-sujeto puede mantener cierto grado de lucidez capaz de controlar esos flujos, animado por ciertas intuiciones constantes, lo bello, lo bueno, ya que no por razonamientos más condicionables?

La respuesta se encuentra en la empiria histórica.El Estado español intentó desde el primer momento racionalizar el flujo económico, obedeciendo a motivaciones religiosas, pero falló. Quizá no hubiera fallado si la evolución histórica del catolicismo hubiera sido más semejante a la del justicierismo popular musulmán, más igualitario que el jerarquismo católico, propenso a la dominación paternal, pero dominante.

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